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El
Baccarat, quizás, es el juego de azar que aparenta ser más sofisticado. La familiaridad de muchas personas
con el juego viene a través de las películas de James Bond. Gente elegante, usualmente europeos, aparecen
jugando por grandes sumas de dinero. Incluso en los casinos estadounidenses las mesas de Baccarat están
usualmente colocadas de lado, ellas solas -– misteriosas. En contraste, los juegos de dados y traganíqueles
más de las “clases trabajadoras”, están ubicados directamente en las áreas de más actividad en los casinos.
Las apariencias engañan. De hecho, Baccarat no es otra cosa que suerte. El juego es una apuesta de expectativa
negativa. No existe estrategia, no hay forma de ganar sino con suerte. Por otra parte, excepto en la apuesta en
un empate (tie) donde es mayúsculo, el margen de la casa es usualmente muy pequeño. Esto es, básicamente, porque
el juego es como lanzar una moneda. La casa le permitirá gustosamente apostar tanto a la cara como el sello si
solo debe pagarle $19 si usted gana y usted deberá pagar $20 si pierde.
El método con el cual la casa obtiene su margen explica por qué el juego ha evolucionado para los ricos suntuosos:
la casa toma un 5% de las apuestas. Así que, mayor la apuesta, más gana la casa. Mientras que los traganíqueles pueden
resultar provechosos para los casinos, juegos de Baccarat de $1 serían desperdicio de espacio en el piso del casino.
Baccarat es pura apuesta. Apodérese de la casa, o no juegue. Si le colocan un arma a la cabeza y usted debe
apostar absolutamente, entonces entienda que (bajo reglas normales) apostar a la “banca” es una apuesta menos
mala que apostar al “jugador”.
¿Cuánto de azar hay en Baccarat? |